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La Asociación Alfredo Jiménez Mota
Historia de un plagio
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Asociación Alfredo Jiménez Mota.

Seguimos esperando... Alfredo no murió.

 

Al cumplirse un año de la desaparición de Alfredo Jiménez Mota, que inicio su carrera de periodista en Culiacán, los trabajadores de medios de la comunicación asisten a un escenario lamentable de desunión, desinterés de la mayoria y una probable muestra de que puede ocurrir un flagrante crimen contra cualquier de los periodistas ante los ojos de sus compañeros y nada cambiaría las cosas.

 

El periodismo ha empezado por polarizarse gremialmente en Culiacán, donde si acaso, para fortuna, se puede observar algún tipo de organización periodística, pues en Hermosillo, ciudad donde dio sus últimos pasos Jiménez Mota, existe una total ausencia de interés por socializar el trabajo periodístico. La misma empresa en que prestó sus últimos servicios, se ha caracterizado por atar manos y voluntades de sus reporteros a cambio de nada; sólo destacar que aunque El Imparcial condujo los hilos de las manifestaciones de sus propios comunicadores en la capital de Sonora, Cajeme, Nogales y otras ciudades, a la fecha hay un buen número de ellos despedidos. El mismo periodista Jiménez Mota podría ser ahora parte de esa lista de desempleados de ese periódico sonorense.

 

Puede reconocerse que en escenarios posteriores la causa del periodista desaparecido atrajo manifestaciones solidarias de los propios comunicadores, también habrá de resaltarse que ningún directivo de periódico alguno, hizo protesta pública. Sí en cambio, el tema fue explotado de forma reiterada por El Imparcial y le redituó un posicionamiento comercial más firme que el que demostraba antes. Todo el discurso de ese periódico no indicaba otro interés.

 

El gobernador de Sonora, Eduardo Bours Castelo, hizo pública su solidaridad con el gremio y expuso su deseo de justicia cuando la PGR estaba integrando el expediente, pero calló cuando Elba Nidia y Johana Palma Morquecho, plagiadas en circunstancias extrañas en la comisaría de Esperanza, terminaron señalando la presunta vinculación de Roberto Tapia Chan, a la sazón director de la Policía Judicial Estatal con el crimen.

Tapia Chan se distingue en Sonora por su cercanía muy estrecha con Abel Murrieta Gutiérrez, ambos al servicio el entonces alcalde Ricardo Bours Castelo, en Cajeme, donde compartieron cargos; el primero, en la Secretaría de Seguridad Pública y el segundo, como Secretario del Ayuntamiento.

 

Ganó Eduardo Bours la competencia ante Ramon Corral Ávila, por la gubernatura y se llevó de asesor plenipotenciario a “su carnal” Ricardo y Roberto Tapia Chan, quien fue nombrado Director de la Policía Judicial; y Murrieta Gutiérrez, como procurador de Justicia.

 

Incluso las hermanas dieron por cierta la probable muerte de Alfredo Jiménez en un rancho cercano a Navojoa. Ya no hubo oportunidad de corroborar el sitio exacto. Las hermanas están también desaparecidas y nunca mas se dilucidaron las razones de ese plagio por parte de gente que sólo ellas conocieron.

 

Ese silencio del gobernador sonorense fue secundado por los mismos periódicos que los días previos eran plataforma del reclamo por justicia para el caso Jiménez Mota.

 

El acto de reclamo de los periodistas en Culiacán, acaso un 20% del total de comunicadores en activo, concretó un contacto con el Delegado Estatal de las PGR Miguel Ángel Campos Ortiz.

El funcionario, como era previsible, se cobijó en la incompetencia por razón de territorio con el caso. Sí relató que esta autoridad en el Estado colaboró con un exhorto enviado por su similar de Sonora, en la Fiscalía Especial y reunió los antecedentes más someros sobre el trabajo realizado por Alfredo Jiménez en Culiacán.

 

En la entrevista con los periodistas, Campos Ortiz alzó el clásico discurso de la secresía para no revelar datos del expediente que se instruye, pero al llegar al caso Tapia Chan, únicamente comentó los cateos a dos ranchos que realizaron la PGR y el Ejército tras la revelación de las hermanas Palma Morquecho, pero en ningún momento citó que el director de la policía sonorense hubiera sido llamado a declarar.

 

En Culiacán el acto mas reciente, con peso social notable, fue el del gobernador Jesús Aguilar Padilla, en el marco del evento Espacio 2006, organizado por Televisa, bajo auspicios privados y promovido por la UAS.

 

El mandatario citó el crimen al decir que es cuando la impunidad se va al cielo, no porque el atentado a un periodista sea de excepción, porque sea ciudadano de primera, sino por el sentido social que representa, al dar cuenta de un ejercicio de investigación e interlocución constante con su comunidad a través del flujo de la información.

 

Y acaso reconociendo limitaciones propias de la autoridad dijo que en esto han fallado los tres niveles de gobierno y en buena parte la misma sociedad.

 

Con un acto de mayor coordinación de esfuerzos, la autoridad y los actores sociales mismos podrían construir un blindaje que acote la acción delictiva contra los comunicadores.

 

Tal vez una forma de reivindicar la memoria del periodista es con la conformación de una asociación de periodistas que lleve su nombre. En Culiacán se anunció este primer paso y los promotores hacen votos para alcanzar una real representatividad, elevar el nivel de conciencia en solidaridad mutua entre compañeros de oficio, (algo lamentablemente remoto). Lo deseable es que en ningún momento se abandone el reclamo de justicia y no se convierta en esfuerzo fallido, o instrumento de intereses ajenos, aunque los actuales impulsores sostienen el propósito de rectitud.

 

Alfredo Jiménez Mota sigue desaparecido. Quienes se duelen de la forma más genuina son sus propios padres, a quienes ninguna autoridad ha dado respuesta. La más posible y cercana es la más fría, debido al paso del tiempo. 

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Vivo se lo llevaron, vivo lo queremos de vuelta