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Historia de un plagio

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Sociedad y poder

Alfredo Jiménez Mota

Por Raúl Trejo Delarbre

 

 

El sábado 2 de abril alrededor de las 9 de la noche, el joven periodista Alfredo Jiménez Mota, reportero de El Imparcial de Hermosilllo, le habló a una colega suya en la redacción del diario para avisarle que llegaría tarde a una cita que tenían. Le dijo que debía encontrarse con un informante suyo que estaba “muy nervioso”.

 

Esa es la última noticia que se tuvo del reportero de 25 años que se dedicaba a informar sobre asuntos policiacos, entre ellos los que se relacionan con el narcotráfico.

 

Alfredo Jiménez nació en Empalme, Sonora, y estudio periodismo en Sinaloa. En Culiacán, fue jefe de Prensa de la Policía Estatal Preventiva y luego reportero en los diarios Noroeste y El Debate. Recientemente había vuelto a su estado natal para trabajar en El Imparcial.

 

Corpulento y vistoso —mide 1.85 metros y pesa 110 kilos— sus amigos le dicen Alfredón. Uno de ellos, el también periodista Sergio García, ha escrito para el semanario sonorense Primera Plana acerca del trabajo de Jiménez Mota: “ha atacado a todos los grupos de narcos en Sonora, lo que no tiene precedente por su empuje y calidad.

Los Güeritos, Los Números, Los Salazar, Don Adán Salazar, El Cuarto Pasajero, y muchos temas parecidos fueron tratados en meteórica carrera de apenas 25 años”.

 

Sus colegas en Sonora estiman que Alfredo Jiménez iba tras una de esas informaciones cuando desapareció hace 11 días. Su padre, Alfredo Jiménez Hernández, ha recordado que cuando el muchacho trabajaba en El Debate tuvo problemas con algunas de sus notas. “Le llamaban los emisarios de los narcos, pero hasta ahí, le decían que le bajara dos rayitas, incluso llegaron a ofrecerle dinero y nunca aceptó.

 

“Él todo el tiempo andaba a la defensiva, le aconsejaba que no dejara pasar nada de lo que ocurría a su alrededor y que no tratara de atacarlos tan seguido —dice el padre del reportero desaparecido—. “Le decíamos que cambiara de sección, que se fuera a deportes, a espectáculos o política, pero no lo convencimos, a él le gustaba o le gusta la policiaca”.

 

En contra de los estereotipos que se han fraguado sobre los reporteros que cubren esas fuentes, Jiménez Mota es un joven moderado. Casi —lamentan sus camaradas— adverso a las francachelas. El periodista García ha precisado: “Alfredo es un joven que acude regularmente a los servicios religiosos, sin necesidad de que lo anden arreando, como decimos en Sonora. Varias veces desdeñó un trago de cerveza, porque tendría que leer la Biblia en casa, y no se diga cuando le tocaba ir a la Iglesia”.

En la iglesia que frecuenta, forma parte del coro. De hecho, la amiga con la que iba a salir el sábado 2 por la noche lo acompaña en esa actividad.

 

La Sociedad Interamericana de Prensa y el grupo Reporteros sin Fronteras se encuentran entre las organizaciones que han exigido que se investigue y resuelva de inmediato la desaparición de Alfredo Jiménez.

 

Periodistas, dirigentes políticos, congresistas y distintos sectores de la sociedad de Sonora comparten esa preocupación que ahora se extiende por todo el país.

 

La desaparición del reportero Jiménez Mota ha coincidido con los atentados contra otros periodistas. El fin de semana pasado fue asesinado Raúl Gibb Guerrero, director de La Opinión de Poza Rica, Veracruz. Unos días antes fue baleada la reportera María Guadalupe García, en Nuevo Laredo.

 

Esos atentados dan cuenta de la expansión de poderes incontrolados como los del crimen organizado, pero también del rezago que se está acumulando en el combate a los delitos que perpetran dichos grupos.

 

El padre de Alfredo Jiménez implora que lo regresen con vida (“que no me lo lastimen, no anda armado, sólo tiene la pluma”). Su amigo Sergio García deja este testimonio de esperanza: “El bar de la esquina, ahí cerquita de Radio Sonora, donde disfrutamos de la charla amena, donde se forman los reporteros, según los cánones antiguos, lo está esperando con un tarro de cerveza Indio y la risa franca, las preguntas inquisidoras, en espera de la frase que calme sus dudas y sus temores. Todos, Alfredo, te estamos esperando”. Todos queremos que Alfredo Jiménez cumpla con esa cita.